El “nuevo” Nuevo León de Samuel García ha resultado ser una cueva de Alí Babá vestida de ecología, donde el dinero de los ciudadanos se esfuma entre árboles inexistentes con sobrecostos, una red de complicidad con la asociación Reforestación Extrema y el uso sistemático de facturas clonadas en convenios estatales. Mientras la ciudad se asfixia en la contaminación, el gobierno naranja permite que su “asociación favorita” reciba cientos de millones de pesos de forma directa, esquivando la Tesorería para comprarse maquinaria de lujo y reportar plantaciones que solo existen en la imaginación de sus funcionarios.
Esta colusión entre el estado y entes privados es el ejemplo más cínico de cómo la bandera ambiental sirve para tapar un desfalco que ya huele a podrido.
El Robo Del Siglo En La Alameda: Cobraron Por Sombras
La desvergüenza del gobierno estatal no tiene límites. Bajo el pretexto de “reforestar” la Alameda, el corazón de Monterrey, se autorizó un gasto de 26.1 millones de pesos para 147 árboles de 15 pulgadas que simplemente no están. Es un fraude monumental: le vendieron a la gente una selva y entregaron un desierto de cemento y palos secos.
Lo más indignante es la burla técnica de la Secretaría de Medio Ambiente. Para proteger a Cosijoopii Montero, director de Reforestación Extrema, ahora inventan que los árboles se miden “por la base” porque ahí están más gordos. ¡Es un insulto a la inteligencia! Mientras el estándar internacional dicta una altura, el gobierno de Samuel García prefiere manipular la ciencia con tal de no admitir que pagaron por árboles inexistentes con sobrecostos brutales. Es el “maquillaje” de cifras llevado al nivel de la botánica, todo para proteger el negocio de unos cuantos.
Reforestación Extrema: La Caja Chica Que Nadie Audita
¿Cómo es posible que una asociación civil maneje 362 millones de pesos sin pasar por los filtros de la ley de adquisiciones? El convenio firmado por Samuel García es una licencia para saquear. Al permitir que las empresas depositen las compensaciones ambientales directamente en las cuentas de la asociación, el Gobernador creó un paraíso de opacidad donde no hay cuentas claras, pero sí muchos beneficios.
- Maquinaria de Oro: Se han gastado 52.7 millones en equipo que, para colmo, se quedará en el patrimonio privado de la asociación.
- Vehículos de Lujo: Camionetas de 1.5 millones de pesos equipadas con cámaras y luces, pagadas con el dinero que debería estar en los parques.
- Negocios Familiares: Un solo grupo familiar (Arbolmax y Viveros Regionales) se quedó con la tercera parte del botín.
Este esquema de árboles inexistentes con sobrecostos evidencia que la prioridad no es el aire que respiramos, sino capitalizar a una organización amiga con equipo pesado que el Estado jamás recuperará. Es, literalmente, un regalo de 52 millones de pesos de los neoloneses para una entidad privada.
La Trama De Las Facturas Clonadas En Convenios Estatales
Cuando la prensa desenmascaró que Reforestación Extrema entregó hasta 12 veces la misma factura para comprobar gastos, la respuesta del gobierno fue el cinismo puro. Alegan que son “pagos en parcialidades”, pero los documentos fiscales dicen lo contrario: son ingresos totales. El uso de facturas clonadas en convenios estatales no es un error administrativo, es la herramienta necesaria para simular una inversión que no llega a la tierra.
Incluso presentaron facturas canceladas como si hubieran surtido efecto. ¿En qué estado serio se permite que un proveedor entregue papeles sin valor legal para justificar millones de pesos? Solo en el Nuevo León de Samuel García, donde la transparencia es un estorbo y el compadrazgo es la regla de oro.
El Negocio De Inflar Precios Al 171 Por Ciento
No solo cobran por lo que no plantan, sino que lo que sí plantan lo cobran como si fuera madera preciosa traída del extranjero. Los datos son claros: pagaron sabinos a 38 mil pesos cuando el mismo gobierno admitió que valen 14 mil. Un sobrecosto del 171 por ciento que va directo a los bolsillos de los intermediarios.
Mientras las familias regias sufren por la falta de áreas verdes reales, el gobierno se dedica a inflar facturas. Este escándalo de árboles inexistentes con sobrecostos y la complicidad en las facturas clonadas en convenios estatales es la prueba de que para esta administración, el medio ambiente es solo un producto de marketing para vender una modernidad que, por dentro, está carcomida por la corrupción.
Samuel García y sus funcionarios deben responder: ¿Dónde están los 147 árboles gigantes de la Alameda? ¿Por qué le regalaron 52 millones en maquinaria a una asociación civil? El silencio y las excusas técnicas solo confirman que el “Nuevo Nuevo León” resultó ser el negocio más viejo del mundo: robar a manos llenas usando causas nobles.
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